jueves, 3 de mayo de 2018

PUNTADA COTIDIANA
Silvina González Cuneo - Eugenia Di Giorgio - Patricia Millán
💜
OBJETOS HILVANADOS
Performance por Nana Simone Micheli




Si el papel fundamental de los objetos es el de ser los mediadores entre las personas y el mundo, los que eligen estas artistas, están dotados para esa labor de un especial valor simbólico, porque son aquellos que están insertos en el medio íntimo y que pertenecen esencialmente al universo de la vida cotidiana. Su virtud está en la leyenda de su origen, en la relación de simbiosis que mantienen con su poseedor y, a veces, en su carácter de bien heredado. En ellos se borran los estigmas de la producción industrial para transformarse en objetos biográficos que representan experiencias vividas y son capaces de transmitir contenidos, cualidades y actitudes entre generaciones.

       En ese entorno diario también se mueve la aguja: el objeto elegido por Silvina González Cúneo, Eugenia Di Giorgio y Patricia Millán para delinear su propio y particular nexo entre lo público y lo privado. Su trabajo revaloriza el fragmento, el detalle aislado y los elementos más sutiles de la trama, construyendo así un lenguaje que les permite expresarse en una variedad de tonos que van desde la ironía a la nostalgia y desde la reivindicación de su historia, que es la de las mujeres, hasta la subversión de los estereotipos femeninos más ofensivos con el ejercicio de la puntada.

        Silvina González Cúneo desafía las convenciones acerca de la afinidad de los materiales. Tal vez, porque los opuestos pueden acercarse o porque la forma suele engañarnos, une en volumen la lisura del terciopelo a la rispidez del alambre tejido y confunde los sentidos uniendo a un pañuelo de seda, la contundencia de los clavos de metal.

        Para Eugenia Di Giorgio, las imágenes y los retazos de sus ancestras son pequeños indicios materiales del devenir de esas vidas. Sobre ellos, realiza sus intervenciones con una minuciosidad y una precisión que, lejos de hablarnos de sumisión a las reglas del bordado y otras labores, iluminan con amoroso respeto, los posibles senderos a elegir.

        Patricia Millán trabaja con el tiempo. Se atreve a la espera y al resultado incierto del óxido, rescata textiles del riesgo del olvido con la habilidad y el cuidado de quien sabe encontrar tesoros. Las costuras que enlazan sus hallazgos del afecto, nos cuentan de luchas y de pérdidas y de infancias proyectadas al futuro.

        El trabajo de aguja, que a lo largo del tiempo se identificó socialmente como un oficio propio de las mujeres, una tarea manual que encauzaba pasivamente su creatividad es, en Puntada cotidiana, el medio para buscar un idioma propio y desdibujar las prácticas que limitan, minimizan y ocultan. Un señalamiento con hilo y aguja acerca de la materia que nos construye y de la fortaleza o la fragilidad de los vínculos que nos sustentan.

        Los objetos de uso diario, los materiales que portan historias, las huellas del tiempo y de las manos que los tocaron; todo aquello que resulta familiar y conocido, todo lo cotidiano, está unido apenas por puntadas.


Viviana Debicki




              Silvina González Cúneo 


 
              Eugenia Di Giorgio 



   Patricia Millán

  PUNTADA COTIDIANA
Inauguración 5 de mayo 19.30 hs.
Centro Cultural Tierra Violeta
Tacuarí 538 San Telmo
Hasta el 26 de mayo
info@tierra-violeta.com.ar
www.tierra-violeta.com.ar



sábado, 14 de octubre de 2017

 Violetas de octubre 
 Marta Billordo - Lidice Capeluto - Carina Juan - Carmen Noriega























El frío de invierno que propicia la floración de las violetas se aferra a los días para ofrecernos los últimos pimpollos en octubre. Entonces, elegimos un color: el violeta que identifica a las causas feministas, que pinta nuestras luchas de género y sale a la calle a pedir por igualdad, por justicia, por los derechos negados. Violeta como el nombre de la enorme cantautora que amamos, en el año de sus cien octubres, siempreviva, voz de arpillera bordada en lana. Violeta una vez más, para reunirnos en el arte, para construir sentidos, convidar ideales y ofrendar pasiones.

         Los temas que atraviesan el trabajo de las artistas de Violetas de octubre son tan vigentes como ancestrales, son las preguntas nuevas que todas las mujeres que las preceden se hicieron: sobre la identidad que rebosa los límites del cuerpo impuesto, sobre los vínculos de la piel y el poder intenso de los sentidos, sobre la fragilidad del nido más íntimo y la fuerza sagrada que lo sostiene.

        Marta Billordo borda los pies y las manos de sus personas queridas, retratados sobre papel con puntadas de hilo satinado. Y así como nos trae a los suyos, nos acerca sus nidos de vellón aceptados por los pájaros como propios. Su labor de tejedora se continúa en el afán de las aves que trenzan con los picos, con las patas, briznas de hierba entre las hebras.

        En sus fotografías iluminadas, Lidice Capeluto trae la presencia concurrente de muchas mujeres: la que posa para sus tomas, la que alguna vez portó las prendas de época que viste, la que mira desde el lente de la cámara. Todas las mujeres que sus imágenes encarnan, con luz de farol, como señales en la sombra.

        Los bastidores que enmarcan los bordados de Carina Juan, no son sólo aros que sostienen las telas tan cuidadosamente trabajadas. Hablan de su oficio diario y consecuente de descoser lo cosido y abordar con valentía las costuras de lo acostumbrado para dar puntadas nuevas. Con oficio y sensibilidad estética, Carina borda y desborda la vida.

        Carmen Noriega ofrece en sus piezas un mapa de los vínculos afectivos que no obvia los silencios, los temores y las ausencias. Sus mil formas de repararlos con hilo y aguja, la minuciosidad con que elige los materiales y la delicadeza con que los interviene, como quien acaricia, laten en sus amorosos capullos.

        Cada año, la vida aflora de un púrpura profundo, oscuro, va abriendo su corola violácea y se despereza en reflejos rosados, lilas, vibrantes.

Así construyen estas mujeres, en color violeta, desde el último peldaño del arco iris.

Viviana Debicki




















































Marta Billordo



Lídice Capeluto



Carina Juan



Carmen Noriega

Violetas de Octubre 
del 7 al 28 de octubre en 
Centro Cultural Tierra Violeta

viernes, 28 de julio de 2017

ESTE LIBRO ES DE BORDADO
Aldana Tellechea

         Presentación en el Centro Cultural Tierra Violeta 
25/7/2017

EL TIEMPO BORDADO

“La intención es intensa: cargar cada puntada al máximo de sentido” Lucía Blanco


“Mientras bordaba, pensaba en la utilidad de la inutilidad de eso que hacía, (…) sin embargo, estaba convencida de dos cosas: la primera, que la única emergencia verdadera era abandonar la torpeza de actuar precipitadamente, de modo que detenerse a pensar era ya una medida de primera necesidad. Y la segunda que sentir placer en el hacer ya es, de algún modo, construir una alternativa a un modelo socioeconómico que alimenta como perros rabiosos la meritocracia y la eficiencia”- nos relata Aldana Tellechea en el texto de su autoría que acompaña a las imágenes de Este libro es de bordado - y reflexiona: “mi problema era otro entonces: ese placer que sentía era individual y quería compartirlo. Guardármelo solo para mí no tenía demasiado sentido. Quería invitar a otros a que hicieran lo mismo, a frenar un ratito en el medio de la urgencia y probaran bordar”.

          Y entonces, Aldana bordó este libro…



          Este libro es de bordado no es un muestrario de labores, no es el manual de la bordadora, no es un breviario didáctico de puntos, pero podemos aprender algunos de ellos:
Punto cadena.
         Las labores de bordado se transmitieron siempre de generación en generación de mujeres y con ellas, mandatos, consejos, formas de vida. Estas labores hogareñas con fines decorativos, utilitarios y muchas veces, ligadas a lo afectivo: “te bordo el cuellito”, “te tejo algo que te abrigue bien”, son saberes encadenados a lo largo del tiempo. En estos lazos están las premisas que favorecen la continuidad del patriarcado: la sumisión, la obediencia, la culpa, el silencio. Pero también están las herramientas para crecer y la capacidad para construir libertad en compañía.
Punto nudo.
         La familia del punto nudo (porque en familias agrupa Aldana las puntadas), hace del escollo, del conflicto, de la problemática, un recurso estético. Mientras otras costureras ven suspendido y perjudicado su ritmo de trabajo hasta deshacer el nudo, la bordadora llena de pintas el espacio, se detiene en los nudos, los piensa y puede seguir bordando a pesar de ellos y con ellos.
Punto tallo.
         El bordado es un arte que brota, que se expande, que abarca. Cubre superficies como yuyo silvestre, se abraza y rodea como la hiedra. Con esa fuerza aparece en el mundo del arte y en el universo de lo textil. Desde que el bordado abrió la puerta de salir a jugar, los hilos andan por todas partes, ramificando sus puntas.
Punto espina.
         La bordadora está acostumbrada a recibir pinchazos, pinchazos de agujas. De modo que sabe curar las heridas provocadas por las espinas y también, sabe reconocerlas, evitarlas y ayudar a otras mujeres a bordarlas para redondear sus bordes puntiagudos.
Punto revés.
         En el bordado tradicional era tan importante el derecho como el revés del trabajo, debía estar tan prolijamente terminado de un lado como del otro. Y el no haberlo prolijado, no sólo indicaba falta de oficio, sino que también era síntoma de desidia, de pereza, de indolencia y de desapego a las premisas que indicaban cómo debería ser y parecer una mujer.
         Verdaderamente, un punto cruz.
         Este libro es de bordado tiene el desenfado de mostrarnos el truco sin anular la magia, de permitirnos entrever lo que está detrás, lo que se esconde tras los puntos ordenados y estéticamente compuestos como en muestrario: hilos que bailan y se trenzan como se les da la gana.
Punto vuelo.
         Un punto para hablar de Aldana, que con su ocio emplumó alas, que nunca sospechó que de su gesto bordado, de su tiempo pensado, nacería un libro que llegaría tan lejos, tan hondo y sería tan necesario de tener entre las manos.
Punto atrás.
         Aldana nos cuenta que “mientras pensaba en la utilidad de la inutilidad de lo que hacía”, veía como “el mundo avanzaba hacia la derecha y marcha atrás”.
Apelando al lenguaje de las puntadas y al punto atrás (su punto favorito y también el mío), es posible que en esta coyuntura presente, en la que como dijera en su reseña sobre el libro, Agustina Paz Frontera, “el neoliberalismo nos esconde los hilos” y el patriarcado se muestra con sus costuras más reforzadas, el punto atrás nos hable de resistencia.
         Para hacer el punto atrás se retrocede hacia la derecha y hacia atrás volviendo a hacer entrar la aguja en la tela, en la salida del último punto bordado. Se pasa el hilo por detrás de la tela y se vuelve a sacar la aguja por la izquierda, a la distancia elegida, para seguir hacia adelante.
Si nuestras puntadas son tenaces, animosas y valientes, si nuestras puntadas van juntas, la línea avanza como dibujando, la línea avanza como escribiendo, la línea avanza como cantando en el tiempo, hacia la izquierda y hacia adelante.

Viviana Debicki